Assassin’s Creed: l’art du déplacement

Desarrollador: Ubisoft Montreal (los de Tom Clancy’s Splinter Cell, Prince of Persia: The Sands of Time y James Noir’s Hollywood Crimes)
Distribuidor: Ubisoft
Disponible en: Xbox 360, PlayStation 3

Assassin's Creed

Que un estudio original de Quebec, provincia francófona de Canadá con fuertes sentimientos nacionalistas, realice un videojuego sobre la Tercera Cruzada donde los caballeros templarios, orden fundada por un caballero francés, son presentados como los villanos y los nizaríes sarracenos, o al menos algunos de ellos, como los protagonistas, es algo digno de mención. No acostumbramos en occidente a focalizar los relatos desde el punto de vista de ciertas culturas, especialmente la musulmana, pero Assassin’s Creed lo hace sin miedo, retratando con fidelidad un periodo histórico en que se mira, avergonzado, el pensamiento religioso y político del siglo XXI. Ponerse en la piel de un Hashshashin y adoptar su credo (ya saben, la temeridad del asesino que actúa por convicción y que no teme a nada porque Alá le espera en el paraíso) no es ninguna tontería en los tiempos de paranoia y propaganda antiislámica que corren. Ciertamente, hay algo de morbosa actualidad en la imagen de un musulmán tapado hasta las cejas colándose en un centro metropolitano, cometiendo un asesinato y provocando el pánico entre las masas de cristianos y judíos, que huyen despavoridos. En Assassin’s Creed se habla de “recompensas tras la muerte” sin tapujos y una de sus mecánicas de juego principales, el salto de fe, significa exactamente lo que están pensando: no es más peligroso quien más protege su vida, sino quien menos teme a la muerte. ¿No se han fijado en que los guardias nunca se atreven a imitar el particular salto al vacío de Altaïr? Sigue leyendo

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