Last Window: El secreto de Cape West

Desarrollador: CING (los de Another Code: Two Memories y Hotel Dusk: Room 215)
Distribuidor: Nintendo
Disponible en: Nintendo DS

Last Window: El secreto de Cape West

Si todos los inquilinos de un bloque de apartamentos guardasen en lo más profundo la pieza de un mismo puzzle, sin duda haría falta alguien para reunirlas todas y completar el rompecabezas. Aunque al final se demostrase que la solución al misterio era la misma que revoloteaba por la cabeza del jugador desde hacía unos cuantos capítulos, al menos la experiencia habría merecido la pena. En lo estético CING nunca decepcionó. De hecho, sorprendió a todos con el sonoro Another Code: Two Memories, una convincente aventura gráfica deudora del referencial Myst que salió al mercado poco después del lanzamiento europeo de Nintendo DS. Lo más sorprendente del título fue la naturalidad con que sacaba provecho del hardware de la consola para aportar soluciones a los puzzles, fomentado formas de pensar fuera de la caja. Más tarde CING hizo doblete con el aplaudido Hotel Dusk: Room 215, una aventura detectivesca a medio camino entre la novela hard-boiled y la estética de la novela gráfica, con un puntito anime y una banda sonora cargada de melodías jazz que, en conjunto, afectaban al estado de ánimo del jugador, transportándolo a un lugar cálido, placentero y nostálgico. Durante un par de semanas, el tiempo que antes dedicabas a leer antes de acostarte lo empleabas en esclarecer un poco más la trama que tenía a Kyle Hyde como protagonista. Those were the days de CING.

En 2010 la suerte dejó de sonreír a la compañía con base en Fukuoka y poco después del lanzamiento de Last Window: El secreto de Cape West la bancarrota se la llevó por delante. Todavía tendrían tiempo, sin embargo, de publicar dos títulos más: Again y Monster Rancher DS, demostrando una gran voluntad y un firme propósito de seguir lanzando juegos de cierta calidad hasta su último aliento. Si Last Window intervino en este triste desenlace es algo que desconocemos. No fue desde luego, bajo el prisma de la crítica más honesta y sincera, un gran acicate para evitar el desplome. Last Window carga sobre sus hombros la responsabilidad de mejorar a su predecesor. En su lugar, parece rechazar el reto y conformarse con reciclar una buena idea que se estira a lo largo de demasiados capítulos, confiando en un guión que se resuelve prácticamente solo en los dos o tres últimos compases, donde se acumula toda la información y se intenta dar sentido a todas las horas que el jugador ha esperado pacientemente a ver algo interesante. La historia da un rodeo inmenso para acabar en un punto que se podría haber atajado de mil formas más directas y sencillas.

Es una lástima porque en conjunto la trama no tiene fisuras. No es sencillo planificar con tanto detalle un argumento que afecta a tantos personajes y que requiere una extensa cronología sin dejar ningún cabo suelto. El problema está en cómo se dosifica la información al jugador. El abuso de la exposición por parte del protagonista (narrador autodiegético de la obra) sobrepasa la paciencia de cualquiera. El célebre “di lo que vas a decir, dilo y di lo que has dicho” que se enseña en las escuelas de periodismo es llevado aquí al límite de lo racional. El resultado es que la mitad de los cuadros de diálogo sobran y muchas de las descripciones relacionadas con objetos del escenario no solo no son ingeniosas, sino que explican lo que ya estamos viendo. “Este sofá ha visto tiempos mejores”, “las cajas están apiladas unas encima de otras” o “el baño está reluciente” son algunas de las sutiles observaciones del protagonista. El ritmo se resiente más de lo que ya de por sí es capaz de soportar una novela interactiva. Y sin un reto significativo en los momentos de puzzle (estamos hablando de una aventura dirigida al público casual al fin y al cabo) la experiencia puede tornarse en una lucha interior contra el impulso de cerrar la consola y acostarse.

Las virtudes de Last Window no son nuevas. Las hay, pero estaban ahí desde Hotel Dusk. Apartado artístico impecable, ejercicio modélico de aprovechamiento de los recursos de la consola (empezando por la postura con que se sostiene, como un libro, toda una declaración de intenciones sobre el carácter de la obra), soberbia banda sonora, cómoda navegación por los escenarios gracias a la cámara rotatoria en primera persona y un regalo en forma de novela.

Quizá lo más jugoso de Last Window desde un punto de vista narratológico es su afán por estrechar los límites entre mundo real y mundo posible. Lo más significativo es la existencia de la novela titulada Last Window, escrita por el imaginario Martin Summer. Cada capítulo del juego desbloquea un capítulo de la novela, que a su vez narra los hechos vividos durante el juego pero con un estilo literario. No hay ningún Martin Summer en la historia, lo cual nos invita a pensar en un personaje que pasó desapercibido para Kyle, pero que fue testigo de todos los acontecimientos y luego escribió sobre ellos. Quizá un inquilino secreto de los apartamentos Cape West que lo observó todo a través del ojo de la puerta. Hubiese sido un detalle dejar más pistas sobre la posible existencia de este autor. Guiños, desde luego, no faltan. Además de algunos comentarios del propio Kyle a propósito de la figura del autor, hay un personaje llamado Charles Jeunet, un joven francés aspirante a director que, agárrense, sigue de cerca la investigación de Kyle para escribir su propio guión y presentarlo a un certamen cinematográfico. De hecho, para retorcer más este intrincado juego metanarrativo, Charles confiesa a Kyle que le dedicará un papel en su guión, posiblemente en el rol de villano. Un destello de ingenio que dice más sobre el mérito y el valor de quienes están detrás del juego que sobre el resultado en sí, en este caso lejos de ser brillante.

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2 pensamientos en “Last Window: El secreto de Cape West

  1. Deja de hacerte pajas mentales: Martin Summer es un personaje de Hotel Dusk: Room 215. Quizá si te pasases menos tiempo criticando la falta de ritmo en un juego-libro (¿hola? ES UN LIBRO) y más entendiendo la genial historia te darias cuenta de que está plagada de referencias a otros juegos de Cing. En este caso Martin Summer, el autor fracasado de Hotel Dusk cuyo unico Best-seller fué escrito por un amigo y del que se apropió traicioneramente. Otra dreferencia es la del cuadro que hay en el vestíbulo que dice “Lak* J*liet” o así, en referencia a “Lake Juliet” el lago del también genial Another Code: R de Wii

  2. Se nota que eres un gran seguidor de las aventuras de CING, cosa que no puedo decir de mí. Esta crítica, como cualquiera de este blog, no va dirigida a nadie que haya desgranado los guiños y homenajes de los juegos de la compañía hasta el punto de darse cuenta de esas referencias mínimas, sino a un público que ha realizado una “lectura” del juego más somera. Por lo tanto, comprendo que te moleste el detalle del personaje de Martin Summer, pero no deja de ser una chorrada que no altera la opinión que sigo teniendo del juego: es aburrido. He disfrutado mucho del primer Hotel Dusk y éste no tiene nada que ver; es simplemente una repetición poco inspirada de la misma fórmula. A pesar de todo, conseguí pasármelo.

    Tú mismo lo dices: es un juego-libro. De hecho, me gustaría que me argumentases por qué crees que Last Window es un libro, porque yo lo veo como una aventura gráfica convencional con ciertos rasgos estilísticos que dan la impresión de estar leyendo una novela. Pero sigue siendo un juego y por lo tanto debe ser divertido (como si un libro no necesitase ritmo y capacidad de inmersión en la historia para no acabar aburriendo al lector, por otra parte…)

    ¡Gracias por el comentario!

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