Videojuegos y enseñanza: Un pacto por la educación

La educación me parece un tema fascinante. Últimamente pienso mucho en ella y gran parte de la “culpa” la tiene el documental La educación prohibida, película nacida de un grupo de investigadores argentinos preocupados por el sistema educativo actual. El filme recorre ocho países entrevistando a un total de noventa educadores de distintos campos, todos ellos coincidentes en lo mismo: la nula capacidad de la escuela para responder a las necesidades individuales, porque se ha convertido en (o siempre ha sido) un centro de instrucción, de adiestramiento y formación de trabajadores, no de personas.

La educación prohibida, que les recomiendo ver ya, plantea una serie de cuestiones absolutamente necesarias en nuestra sociedad, una basada en un sistema que desdeña el juego, la práctica, en favor de la lógica, la teoría. El aprendizaje basado en la experimentación (el único aprendizaje verdadero, según los pedagogos del filme) frente al aprendizaje basado en la observación y la memorización. “El aprendizaje profundo”, dice el narrador, “sólo puede estar fundado en el interés, la voluntad y la curiosidad, y se origina más allá de las fronteras de la razón. En mucho más que analizar o relacionar conceptos. Aprender implica un profundo proceso donde se crean relaciones entre la persona y su entorno”.

Relaciones, asegura el Dr. Carlos Calvo Muñoz, que la escuela impide por culpa de sus muros políticos e ideológicos. Nos recuerda la fábula aquella de Borges en la que el cartógrafo comienza a realizar el mapa de un terreno. Poco a poco, éste va añadiendo cada vez más detalles, cada vez más detalles, ampliando la escala… con el objetivo de acercar el mapa todo lo posible a la realidad. Llega un momento en que el mapa tapa por completo el territorio. Irónicamente, lo que la gente ve ya es sólo el simulacro de la realidad, no la realidad en sí. “La escuela se enclaustró, se metió dentro del mapa. ¿Qué es lo que enseña? Verdades que están en el mapa, no el territorio”.

Pero lo que más me maravilla de las reflexiones plasmadas en el filme es la idea del joven alumno participando en la selección de los contenidos didácticos desde muy temprana edad. Los entrevistados tachan por unanimidad la idea de un sistema educativo donde siempre se enseña lo mismo, a las mismas personas, en base a una misma escala decimal como una práctica antigua, innecesaria y perjudicial para el desarrollo de la persona. “Todos tenemos que hacer lo mismo”, critica Ginés del Castillo, de la Escuela de la Nueva Cultura La Cecilia. “A pesar de que los adultos no sabemos todos lo mismo, a pesar de que no nos dedicamos todos a lo mismo, en las escuelas todos tienen que querer hacer lo mismo y hacerlo igualmente bien”. Otros, como Carlos González, pediatra español, dicen que “en la escuela aprendemos muy pocas cosas que en la vida cotidiana necesitemos, porque podemos vivir sin saber logaritmos, pero no podemos vivir sin saber relacionarnos con otras personas o sin saber caminar o sin saber usar herramientas. Todas estas cosas las aprenden los niños mediante el juego”.
¿Los niños solo? Y los no tan niños. Inconscientemente, el documental proyecta la asociación de juego con infancia, lo cual fortalece el muro que desde la divulgación de videojuegos queremos derribar.

De las muchas cosas que nos han enseñado los videojuegos, la más importante, arraigada en su naturaleza, es que el verdadero aprendizaje se realiza con la práctica, no con la contemplación del otro. Aprendimos a jugar a Super Mario Bros. con el mando en nuestras manos, no en las de nuestro primo, hermano o vecino. Solo cuando uno vence el miedo al fracaso (la muerte en el videojuego), está preparado para superar el desafío. No en vano, los mayores avances históricos en el campo de la ciencia han sido posibles gracias a innumerables errores previos al acierto. “Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo”, dijo Aristóteles.

A título personal, mi vida ha estado marcada, entre otras aficiones, por los videojuegos. Yo nunca me habría acercado a uno con la etiqueta en portada de juego educativo ni loco, porque así éramos los niños. Así siguen siendo. Huimos de los que nos quieren adoctrinar, pero nos volvemos locos por descubrir cosas nuevas. Por eso, nunca he dejado de aprender con ellos. He devorado la historia de los grandes imperios gracias a las campañas de Age of Empires II. He aprendido, no es broma, más inglés jugando a un título como Shenmue (me lo pasé con doce años enteramente en este idioma) que en todas las clases del colegio juntas. He alimentado mi ya de por sí eminente pasión por la música con juegos creativos como Electroplankton, Vib Ribbon o Music 2000. He comprendido cómo se gestiona una ciudad (SimCity), un parque de atracciones (RollerCoaster Tycoon) o un hospital (Theme Hospital), asimilando a muy temprana edad conceptos de economía como ingresos, beneficios, pérdidas, crédito o deuda. He desarrollado mi propio modelo de conducta, construyendo el self (la mismidad, diría Castilla del Pino) o cuestionándolo, gracias a juegos basados en el comportamiento social y la autoproyección como Los Sims o en decisiones morales como Black & White. He desarrollado un carácter competitivo, he aprendido que sin esfuerzo no hay recompensa, he mejorado mis reflejos, mi atención y la capacidad de resolver problemas. Fue un proceso sencillo y natural, porque “el ser humano propende a aprender. Incluso, podemos decir más todavía, no es ningún mérito del ser humano aprender. Más todavía: es que no puede no aprender” (Dr. Carlos Calvo Muñoz).

No es magia. Sencillamente aprendemos mucho mejor aquello que realizamos por voluntad propia. Es más, no se enseña a un niño a ser responsable impartiendo unos conocimientos que son obligatorios. ¿Qué clase de madurez se esconde en ese proceso? La verdadera madurez reside en la libertad para elegir. No se es más responsable por aprender algo que es incuestionable. Simplemente, se es más dócil.

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Un pensamiento en “Videojuegos y enseñanza: Un pacto por la educación

  1. Me parece buena la idea que has sacado sobre el aprendizaje videojueguil (por cierto, yo también ví el documental, muy majo) y tengo claro que el videojuego debería seguir el camino de la práctica más que el de la teoría salvo en juegos demasiado complejos para entender sobre la marcha. Dejar siempre la idea de “fácil de aprender, difícil de dominar”. ¡Hola! PD: me cuesta mucho comentar por la pequeñita ventana de texto :S

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